lunes, 18 de mayo de 2015

Psicosis


Hola! Luego de mucho pensaba reactivar este blog y pensaba que aqui pueda poner creepypastas y/o leyendas urbanas,tanto sacadas de paginas como inventadas por mi....asi que hoy veremos...



Psicosis....




Domingo
No estoy seguro de por qué escribo esto en papel y no en mi computadora. No es que no confíe en mi computadora, sólo… necesito organizar mis ideas. Poner todos los detalles en un lugar objetivo, un lugar en donde sepa que lo que escribo no puede ser borrado o alterado… no que eso haya pasado.
Estoy comenzando a sentirme agobiado en este diminuto apartamento. Quizá ése es el problema. Sí, tenía que ir y comprar el apartamento más barato, el único en el sótano. No he salido en varios días porque he estado enfrascado en este proyecto de programación; supongo que quería acabarlo de una buena vez. Estar sentado frente a un monitor por horas puede hacer que cualquiera se sienta extraño, lo entiendo, pero no creo que sea por eso.
No estoy seguro de cuándo comencé a sentir que algo andaba mal. Ni siquiera puedo definir qué es. Probablemente por no haber hablado con nadie en este tiempo; eso fue lo primero que me inquietó. Todos mis contactos con los que chateo habitualmente por Messenger mientras programo han estado ausentes, o simplemente desconectados. El último mensaje que recibí fue de un amigo diciéndome que charlaría conmigo cuando volviera de la tienda, y eso fue ayer. Lo llamaría desde mi celular, pero aquí la señal es terrible.
Sí, eso es. Sólo necesito llamar a alguien. Voy a salir.

Bueno, eso no se dio tan bien. A medida que mi temor se desvanece, me empiezo a sentir un poco ridículo por haberme asustado en primer lugar.
Me miré en el espejo antes de salir, pero no me afeité la barba de dos días que me ha crecido, después de todo saldría únicamente para hacer una llamada. Pero sí me cambié de camisa, ya que era hora de almorzar y supuse que me podría encontrar con algún conocido. O al menos eso era lo que quería… ojalá lo hubiera hecho.
Cuando salía, abrí ligeramente la puerta de mi apartamento; una sensación de ahogo evacuó mi cuerpo en ese instante, de alguna forma. Me asomé por el deslucido corredor, tan deslucido como el corredor de un sótano puede ser, apenas iluminado por un trío de lámparas de neón que no dejan de chasquear. En el otro extremo, la gran puerta metálica que lleva a la sala principal del edificio —cerrada, por supuesto—, y dos oxidadas máquinas expendedoras a su lado. Estoy bastante seguro de que nadie más en el edificio sabe que esas máquinas están aquí abajo, que a mi tacaña casera sencillamente no le interesa reabastecer.
Deslicé mi puerta con suavidad y seguí el camino procurando no emitir sonido alguno. No tengo idea de por qué decidí hacer eso, pero era divertido rendirse al absurdo impulso de no perturbar el letárgico zumbido de las máquinas expendedoras, al menos por el momento. Llegué al primer descanso de escaleras y subí hasta la puerta principal del edificio. Miré por la cuadrada ventanilla de la puerta y, para mi gran sorpresa, definitivamente no era hora de almuerzo. La penumbra de la noche envolvía las calles de la ciudad, y las luces de los automóviles que daban la vuelta en la intersección alumbraban desde la distancia como faroles. Nubes púrpuras y negras por el brillo de la ciudad colgaban inmóviles del firmamento. Nada se movía a excepción de los pocos abedules de la acera mecidos por el viento. Recuerdo haber temblado aunque no tenía frío, quizá por el viento de afuera; podía oírlo vagamente a través de la puerta y sabía que era ese particular tipo de viento de media noche, ése que es constante, frío y callado, salvo por la dulce melodía que provocaba cuando se abre paso entre las incalculables hojas de los árboles.
Decidí no salir. En su lugar, levanté mi celular a la altura de la ventanilla y revisé el medidor de señal. Las barritas llenaron el medidor, y sonreí. «Tiempo de escuchar la voz de alguien más», recuerdo que pensé, aliviado. Era algo tan extraño, el tenerle miedo a nada. Negué con la cabeza riéndome de mí mismo en silencio. Marqué el número de mi mejor amiga, Amanda, y acerqué el teléfono a mi oreja. Sonó una vez… y entonces se detuvo. Nada pasó. Escuché el silencio por unos veinte segundos, y colgaron. Fruncí el ceño y miré el medidor de señal; todavía lleno. Estaba marcando su número de nuevo cuando el teléfono sonó en mi mano, sacándome un buen susto. Lo pasé a mi oreja.
—¿Diga? —pregunté, reteniendo el leve shock de oír la primera voz en días, aun si se trataba de la mía. Me había acostumbrado a los sonidos regulares del edificio, de mi computadora y el de las máquinas expendedoras en el corredor. No hubo ninguna respuesta a mi saludo en un principio, pero luego, una voz se escuchó.
—¿Qué hay? —dijo claramente un joven desde el otro lado de la línea—. ¿Quién habla?
—Juan —le respondí, confundido.
—Ah, perdón, número equivocado —contestó, y colgó.
Bajé el celular lentamente y recargué mi cuerpo contra la pared. Eso fue extraño. Revisé mi registro de llamadas; el número era desconocido. Antes de que pudiera reflexionar sobre ello, el celular sonó de nuevo, asustándome una vez más. Esta vez miré el número antes de contestar; también era desconocido. Coloqué el aparato junto a mi oído, sin decir nada. Todo lo que escuché fue el usual ruido de fondo de un celular. Entonces, una voz familiar acabó con mi tensión.
—¿Juan? —Fue la única palabra, por la voz de Amanda.
Suspiré aliviado.
—Hey, eres tú —contesté.
—¿Quién más iba a…? Ah, el número. Estoy en una fiesta en la Séptima Avenida y mi teléfono murió justo cuando me llamaste. Éste es el teléfono de alguien más, naturalmente.
—Ah, bueno.
—¿Dónde estás? —me preguntó.
Paseé los ojos por los muros y su pintura descarapelada; la puerta que tenía frente, con su pequeña ventanilla.
—En la entrada de mi departamento —Suspiré—. Me sentía un poco sofocado. No sabía que era tan tarde.
—Deberías venir aquí —me dijo, riendo.
—No…, no estoy de humor para caminar solo a estas horas —dije, mirando por la ventanilla a la tranquila y airosa calle que secretamente me causaba un poco de temor—. Creo que voy a seguir trabajando o me iré a dormir.
—¡Tonterías! —contestó—. ¡Puedo ir a traerte! Tu departamento queda cerca de aquí, ¿cierto?
—¿Qué tan ebria estás? —le pregunté divertido—. Tú sabes en dónde vivo.
—Ah, claro. Supongo que puedo llegar ahí caminando, ¿no?
—Puedes, si quieres desperdiciar media hora.
—Cierto —contestó—. Bueno, me tengo que ir, ¡suerte con tu trabajo!
Bajé el teléfono de nuevo, viendo a los números parpadear mientras la llamada finalizaba. El insistente zumbido de las máquinas se reprodujo en mi mente. Las dos llamadas extrañas y la vista a esa tétrica calle terminaron por encarrilarme de vuelta a mi soledad en esta vacía sala. Tal vez por haber visto tantas películas de terror tuve la súbita idea de que algo inexplicable podría asomarse por la ventanilla de la puerta y verme, alguna clase de entidad horrible que pasa orbitando los confines de la soledad, esperando el momento para arrastrarse hasta algún ser humano que se ha alejado demasiado de los de su clase. Sabía que era un miedo irracional, pero no había nadie cerca, así que… bajé las escaleras corriendo por el pasillo hasta mi cuarto, y cerré la puerta tras de mí lo más velozmente que pude, procurando mantener el silencio.

Como dije, me siento un poco ridículo por haber estado asustado de nada, y el temor ya se ha desvanecido. Escribir esto me ayuda mucho, me hace darme cuenta de que nada anda mal. Filtra mis pensamientos inconclusos y miedos, dejando sólo hechos concretos y objetivos: es tarde, recibí una llamada de un número equivocado y al teléfono de Amanda se le agotó la carga, por lo que me devolvió la llamada con otro teléfono. Nada extraño está pasando.
Aun así, hubo algo… inusual en esa conversación. Sé que pudo haber sido por el alcohol que había tomado… ¿o fue a ella a quien sentí extraña? O… sí, ¡eso es! No me di cuenta hasta ahora, hasta escribirlo. Sabía que hacer esto ayudaría. Ella dijo que estaba en una fiesta, ¡pero lo único que escuché de trasfondo fue silencio! Claro, eso no significa nada en particular, puesto que pudo haber ido afuera a tomar la llamada. No… eso tampoco pudo ser: ¡no escuché el rumor del viento! ¡Necesito ir a ver si el viento está soplando!

Lunes
Olvidé terminar de escribir anoche. No sé qué esperaba encontrar cuando crucé por el pasillo y asomé el rostro por la ventanilla. Me siento ridículo. El miedo de anoche me parece vago e irrazonable ahora. No puedo esperar para salir y ver la luz del día. Voy a revisar mi correo, afeitarme, darme un baño ¡y finalmente salir de aquí!
Un momento… creo que escuché algo.

Era un trueno. Todo eso sobre la luz del día y el aire fresco no pasó. Subí por el tramo de escaleras, sólo para encontrar decepción. El cristal de la puerta principal era azotado por la corriente de lluvia torrencial que se desataba afuera. Quise quedarme a esperar a que un relámpago iluminara la intemperie; pero la lluvia era muy fuerte y no podía visualizar nada más que siluetas indistinguibles paseándose por ángulos extraños de la corriente de agua bañando la ventanilla. Decepcionado, me di la vuelta, pero no quería volver a mi cuarto. En su lugar, deambulé por las escaleras, al primer piso, al segundo. Llegué al tercer piso, el más alto del edifico.
Caminé por el alfombrado del piso. Las diez o tantas puertas de madera, pintadas de azul hace mucho tiempo, estaban todas cerradas. Escuché atentamente mientras caminaba, pero era medio día, no me sorprendió oír poco más que el sonido de la lluvia afuera. En lo que permanecí ahí parado, en ese turbio lugar, tuve la extraña y fugaz impresión de que las puertas eran como silenciosos monolitos de granito, esculpidos por una antigua y olvidada civilización para un insondable propósito de guardines. Cayó un relámpago que iluminó el pasillo, y pude haber jurado que, sólo por un momento, las viejas y deterioradas puertas azules se vieron como piedra áspera. Me reí de mí mismo por dejar que mi imaginación jugara así conmigo, pero entonces se me ocurrió que el resplandor de ese rayo debía de significar que había ventanas cerca. Me llegó una memoria distante, y de inmediato recordé que el tercer piso tenía una alcoba con una puerta corrediza de cristal al final del pasillo en donde estaba.
Emocionado por ver la ciudad desde lo alto en medio de la lluvia y, quizá, ver a otra persona, caminé velozmente hacia la alcoba, encontrándome con la delgada y larga puerta corrediza. Era bañada por la corriente como la ventanilla de la puerta principal. Acerqué mi mano a la manija, pero dudé. Tuve la rarísima sensación de que si la abría, vería algo completamente terrible del otro lado. El último par de días había sido tan extraño… así que ideé un plan, y volví aquí para traer lo que necesitaría. No pienso que realmente lograré algo con esto… pero no tengo nada más que hacer, llueve y me estoy volviendo loco de remate.
Regresé por mi cámara web. De ninguna forma el cable llegará hasta el tercer piso, por lo que, en su lugar, voy a ocultarla entre las dos máquinas expendedoras, pasar el cable por debajo de mi puerta y ponerle cinta de aislar encima para camuflarlo en la tira de plástico negra que se extiende por la base de las paredes del corredor. Sé que es tonto, pero estoy muy aburrido…

Bueno, nada sucedió. Dejé abierta la puerta de mi apartamento, me llené de valor, fui hasta la puerta metálica, la abrí y corrí como alma que lleva el Diablo de vuelta a mi cuarto y azoté la puerta. Miré atento por la cámara web de mi computadora, viendo en la transmisión al pasillo y una parte de las escaleras. Sigo observando en este momento, y no aparece nada interesante. Desearía que el ángulo de la cámara fuera distinto, que pudiera ver al menos una parte de mi puerta. ¡Hey, alguien se conectó!

Usé un modelo de cámara más antiguo que tenía en mi clóset para charlar con mi amigo. No supe explicarle por qué quería que fuera una llamada de video, pero se sintió bien ver la cara de otra persona. No se quedó a hablar por mucho tiempo, y no hablamos de nada importante, pero me siento mucho mejor. Mi absurdo temor casi se ha ido. Ya lo habría dejado completamente de lado, de no ser por la extraña manera en que se dio la conversación. Sé que he dicho que todo me ha parecido extraño, pero sus respuestas fueron tan vagas… no puedo recordar una sola cosa específica que me haya dicho; ningún nombre, lugar o evento en particular. Aunque sí me pidió mi dirección de correo, para mantenerse en contacto. Un momento, me llegó un correo.

Estoy a punto de salir. Recibí un correo de Amanda para pedirme que nos reuniéramos en «el lugar al que siempre vamos». Me encanta la pizza, y he estado comiendo de las sobras que había en lo que una vez fue una alacena decorosa, así que no puedo esperar. De nuevo, me siento ridículo por mi conducta de estos últimos días. Debería quemar este diario cuando regrese.
Otro correo.

Oh, por Dios. Casi ignoro el correo y abro la puerta. Estuve a punto de abrir la puerta. Estuve a punto, pero leí el correo primero. Era de un amigo que llevo un tiempo sin ver, y fue enviado a muchísimos correos que deben de ser cada contacto que tiene registrado. Omitió el título, y decía, únicamente: «ve con tus propios ojos no confíes en ell».
¿Qué demonios puede significar eso? No me lo puedo sacar de la cabeza. ¿Es un mensaje enviado para advertir de que algo ocurrió? ¡La frase claramente se mandó sin terminar! En cualquier otro día lo hubiera tomado como spam, pero las palabras «ve con tus propios ojos»… no puedo evitar releer este diario, repasar los últimos días, y caer en cuenta de que no he visto a ninguna persona con mis propios ojos o hablado con alguien cara a cara. La conversación en línea con mi amigo fue tan extraña, tan vaga, tan… misteriosa, ahora que lo pienso. ¿En serio fue misteriosa?, ¿o es el miedo que está turbando mi memoria?
Mi mente juega con los sucesos que he organizado aquí, apuntando a que no ha habido ni un tan solo dato que haya adicionado sin sospechar. El «número equivocado» que obtuvo mi nombre y la subsecuente llamada de Amanda, el amigo que pidió mi dirección de correo… Yo lo saludé primero cuando vi que estaba conectado, y luego recibí un correo apenas terminó la conversación… ¡Oh, por Dios! ¡La llamada de Amanda! ¡Le dije por el teléfono, le dije que estaba a media hora de la Séptima Avenida! ¡Ellos saben que estoy cerca de ahí! ¿Qué si están tratando de encontrarme? ¡¿Dónde está todo el mundo?! ¡¿Por qué no he visto o escuchado de nadie en días?!
No, no, esto está mal. Es de locos. Necesito calmarme.

No sé qué pensar. Recorrí mi apartamento desesperado, sosteniendo mi celular en cada rincón para ver si podía obtener algo de señal. Finalmente, en el baño, cerca de una de las esquinas superiores: una barrita. Sosteniéndolo a esa altura envié un mensaje de texto a cada número de mi lista. Consideré la probabilidad, el peor escenario posible, lo peor que podía imaginar. Envié: «¿Has visto a alguien cara a cara últimamente?».
Para este punto, lo único que necesito es una respuesta. No me importa cuál sea, de quién o si me dejé en ridículo al hacer eso. Intenté hacer una llamada, pero no podía elevar mi cabeza lo suficiente, y si bajaba el teléfono siquiera un centímetro perdía la señal. Luego recordé mi computadora y fui directo por ella. Envíe un mensaje a todos mis contactos conectados. La mayoría estaba ausente u ocupado; nadie respondió. Se agotó mi paciencia. Empecé a inventar pretextos para justificar que vinieran hasta aquí. No me importa nada a estas alturas, ¡sólo necesito ver a otra persona!
Desbaraté mi apartamento tratando de encontrar algo que haya pasado por alto, alguna forma de contactar a otro ser humano sin abrir la puerta. Sé que es demente, sé que es irracional, pero es posible, ¡es posible!, y necesito estar seguro. Fijé mi celular al techo por si acaso.

Martes
El celular timbró. Exhausto por el alboroto de anoche, debí de haberme quedado dormido. Me despertó el tono de mi celular; corrí al baño, me paré en el retrete y lo alcancé para contestar la llamada. Era Amanda, y ahora me siento mucho mejor. Estaba muy preocupada por mí y aparentemente ha intentado contactarme desde que la dejé plantada. Viene para acá, sí, sabía en dónde estoy sin necesidad de que se lo dijera. Estoy muerto de la vergüenza. Definitivamente voy a tirar este diario antes de que alguien lo vea, ya ni sé por qué sigo escribiendo en él. O bueno, quizá porque ha sido el único tipo de comunicación que he tenido desde… Dios sabe cuándo.
Me veo terrible. Me di un vistazo en el espejo antes de volver aquí. Mis ojos están hundidos, mi barba más grande y parece que estoy enfermo. Mi apartamento también está hecho un desastre, pero no voy a limpiarlo. Creo que necesito que alguien más vea por lo que he pasado. Estos últimos días no han sido normales, por donde lo vea. No soy de los que imaginan cosas. He sido víctima de la probabilidad. Seguramente me faltó poco para ver a otra persona en varias ocasiones, nada más fue que salí muy tarde por la noche, o al medio día, cuando todo el mundo está trabajando. Ahora sé que no hay problema. Además, encontré algo ayer que me ayudó tremendamente: ¡un televisor! Lo conecté justo antes de sentarme a escribir esto, y lo escucho sonar de fondo. La televisión siempre ha sido un escape para mí, y me recuerda que afuera de estos muros un mundo sigue andando, crea lo que crea.
Me alegra que Amanda haya sido la única que me contactó luego de haber mandado todos esos mensajes absurdos. Ha sido mi mejor amiga durante años. Ella no lo sabe, pero cuento al día en que la conocí como uno de los mejores que he tenido en toda mi vida. Fue un tibio día de verano; pareciera como si el recuerdo estuviera arrancado de un mundo distinto del que me encuentro ahora. Sentí que pasaron días enteros en ese parque, al que ya estábamos demasiado grandes para ir, hablando con ella solamente. Todavía puedo volver a ese momento en veces, y me recuerda que este lugar no es lo único que existe… Al fin, ¡llaman a la puerta!

Pensé que era raro que no la hubiera visto por la cámara que escondí en el pasillo. Supuse que fue por la perspectiva, similar a no poder ver mi puerta. Debí saber que eso sería un problema. Después de que tocara, grité en tono de broma que tenía la cámara entre las máquinas… vaya que había dejado a mi paranoia ir lejos. Vi su imagen acercarse y bajar la vista hasta dar con ella. Sonrió y saludó con una de sus manos.
—Qué hay —dijo alegremente, mirando curiosa.
—Lo sé, es raro —hablé por el micrófono conectado a mi computadora—. He tenido una mala racha —agregué.
—Seguro —contestó—. Ábreme Juan.
Dudé. ¿Cómo podía estar seguro?
—Sígueme un poco la corriente, ¿sí? Dime algo sobre nosotros, para probar que eres tú.
Miró a la cámara, se tocó la barbilla y volteó hacia arriba; sacó un papel y un lápiz. Escribió en ellos. Enseñó el papel para que pudiera verlo en la cámara:
«Ya estábamos muy grandes para ese parque».
Suspiré profundamente, la realidad volvía, el miedo se disipaba. Joder, había sido tan ridículo. ¡Por supuesto que era Amanda! Ese recuerdo no estaba en ningún otro lugar más que en mi memoria. Nunca he hablado con nadie de ese día, y no por vergüenza, sino por tenerlo como un nostálgico recuerdo. Si había alguna entidad desconocida que trataba de engañarme, como temía, de ninguna forma podría saber sobre ese día.
—Bueno, dame un segundo —le dije entre risas.
Corrí a mi pequeño baño y peiné mi cabello lo mejor que pude. Me miraba terrible, pero ella entendería. Riendo por mi tonto comportamiento, y el desorden en el que estaba, caminé hacia la puerta. Puse mi mano sobre la perilla y di un último vistazo a mis espaldas. Comida mordisqueada regada por el suelo, el bote de basura caído y la cama que había volcado hacía unas horas buscando… Dios sabrá qué estaba buscando. «Tan tonto», pensé.
Antes de girar la perilla, mis ojos notaron una cosa más: la cámara que usé para charlar con mi amigo. La esfera negra estaba sobre su costado y el lente apuntaba a la mesa en donde este diario se encontraba. Un terror enorme se apoderó de mí en cuanto pensé que si algo podía mirar a través de esa cámara, vería lo que había escrito acerca de ese día. Le pedí una cosa, cualquier cosa acerca de nosotros, y ella escogió la única en el mundo que creí que eso o ellos no sabrían… pero lo hacen, lo saben, ¡hasta pudieron haberme observado todo este tiempo!
No abrí la puerta. Grité. Grité sin parar. Arranqué la cámara y la estampé contra el suelo. La puerta tembló y la perilla intentó girar, pero no escuché la voz de Amanda al otro lado. ¿Sí era ella quien estaba afuera? ¿Quién más pudo ser sino Amanda? ¿Quién demonios estaba afuera? ¿Qué demonios estaba afuera?
La vi por la cámara, la escuché por mis parlantes, ¿pero fue real? ¡Cómo saberlo! Grité alarmado por ayuda. Aseguré la puerta con todos mis muebles. Por ahora se ha ido.

Viernes
Al menos creo que es viernes. He roto todos mis aparatos electrónicos. Destruí mi computadora. Cualquier cosa en ella podía, a fin de cuentas, ser manipulada por medio de la red. Sé de eso, soy un programador. No podía arriesgarme. Cada pequeño dato respecto a mí, mi nombre, mi correo, mi ubicación, todos fueron cosas que he dicho. He releído lo que he escrito una y otra vez. He intentado juzgar lo que he escrito, bailando entre el miedo y el escepticismo. A veces me consta que una entidad está decidida en el simple objetivo de hacerme salir de aquí: desde el principio, Amanda no hizo más que pedirme que abriera la puerta y saliera. Puedo leerlo, puedo leerlo claramente ahora.
Trato de ver las cosas desde todos los ángulos. Por un lado, soy un lunático que ha interpretado una convergencia de probabilidades extremadamente improbables, pero factible: no asomarme en el momento adecuado, no ver a otra persona por mero azar, recibir un correo extraño como los miles que es posible recibir, pero en el momento preciso. Por el otro, esa convergencia de probabilidades es la única razón por la cual lo que sea que está afuera no me ha atrapado aún: no abrí la puerta corrediza del tercer piso, y tal vez nunca debí abrir la puerta metálica al final del corredor. No volví a abrir la puerta de mi apartamento después de abrir la puerta metálica. Lo que sea que esté allá afuera —si es que está allá afuera— nunca «apareció» en el pasillo antes de que la abriera. Tal vez se había dedicado a cazar a todas las personas que se encontraban al descubierto y luego esperó, hasta que delaté mi existencia al tratar de llamar a Amanda… una llamada que no se concretizó hasta que eso me hablara y preguntara mi nombre.
Mi temor literalmente me abruma cada vez que intento acoplar todas las piezas de esta pesadilla. Ese correo —corto, cortado— era de alguien intentando decir algo. ¿Una advertencia aliada, intentando llegar a mí antes de que fuera muy tarde? Ver con mis propios ojos, no confiar. Puede que tenga dominadas a todas las cosas electrónicas, que haya elaborado una enorme red para engañarme y hacerme salir. ¿Por qué no puede entrar? Tocó la puerta, así que al menos, parcialmente, es sólido. La puerta. La idea de esas puertas como monolitos guardianes en el tercer piso aparece cada vez que mis pensamientos siguen este rumbo. Si hay alguna entidad etérea intentando que salga a la intemperie, quizá esa entidad es incapaz de cruzar las puertas.
No paro de pensar en todos los libros que he leído, en todas las películas que he visto, tratando de encontrar la respuesta a esto. Las puertas siempre han sido gatillos de la imaginación humana, plasmadas en numerosas ocasiones como portales de singular importancia ¿O quizá la puerta es muy gruesa? Yo no podría derribar ninguna de las puertas de este edificio, especialmente las del sótano. Dejando eso a un lado, ¿por qué me quiere a mí? Incluso yo puedo imaginar al menos una docena de formas de matarme, incluyendo dejar que me pudra aquí abajo y muera de hambre. Quizás eso es precisamente lo que está haciendo. Está llenándome de miedo; pero, ¿y si no quiere matarme?, ¿y si puede hacer algo peor? Dios, ¡¿cómo salgo de esta pesadilla?!
Llaman a la puerta…

Le dije a la gente del otro lado de la puerta que necesitaba unos minutos más para pensar las cosas y saldría. Sólo estoy escribiendo esto para decidir qué hacer. Al menos esta vez he escuchado sus voces. Mi paranoia —sí, reconozco que estoy siendo paranoico— me hace pensar en todas las formas que una voz humana podría fingirse por algún medio electrónico. El pasillo podría estar lleno de altavoces simulando voces humanas. ¿Realmente les tomó tres días venir a hablar conmigo? Se supone que Amanda está ahí afuera, junto con dos policías y un psiquiatra. Tal vez les tomó tres días pensar en qué decirme. La explicación del psiquiatra sería muy convincente, si decidiera pensar que todo esto no ha sido nada más que un extraño mal entendido, y dejar fuera de la ecuación a la entidad que intenta engañarme para abrir la puerta.
El psiquiatra tiene la voz de un viejo. Autoritaria pero sensible. Me agrada, me recuerda a la de mi propio padre. Dice que sufro de algo llamado «cyberpsicosis», y soy sólo uno más de una enorme epidemia que se cuenta por miles, detonada por un correo sugestivo que «se filtró de alguna forma». Juro que lo dijo así: «Se filtró de alguna forma». Creo que intenta decir que se esparció por todo el país inexplicablemente, pero sospecho demasiado que a la entidad se le ha resbalado algo. Dijo que soy parte de una ola de «comportamiento emergente»; que muchas personas más están enfrentando mi mismo problema, y el mismo miedo, aunque nunca nos hayamos comunicado.
Eso explica el correo que recibí sobre ver con mis propios ojos. No recibí el correo detonante original, recibí un derivado. Mi amigo pudo haber perdido la razón también, y ha intentado advertir a todo el mundo sobre su paranoico miedo. Así es como el problema se esparce, afirma el psiquiatra. Pude haberlo esparcido también con el mensaje que envié por el celular y los que mandé por Messenger. Alguno de todos esos contactos podría estar volviéndose tan loco como yo después de haber leído uno de esos mensajes, y ahora estar interpretando la realidad en la forma en la que yo lo estoy haciendo.
El psiquiatra me dijo que no quería «perder uno más». Que la inteligencia de gente como yo es precisamente nuestra perdición. Trazamos conexiones tan bien, que incluso las trazamos en donde no deberían estar. Dice que es fácil comenzar a acumular paranoia en el mundo en el que vivimos ahora, un lugar en constante cambio en donde cada vez mayor parte de nuestra interacción es simulada…
Hay que admitirlo, es una explicación hermosa. Reúne y explica todo. Lo explica perfectamente, de hecho. Tengo todas las razones del mundo ahora para sacudirme este horror atávico de que algo se encuentra del otro lado de la puerta lista para capturarme y llevarme a un destino peor que la muerte. Sería tonto, tras oír esa explicación, permanecer aquí hasta morir de hambre para evitar a esa entidad que quizá ya haya atrapado a todos los demás. Sería tonto pensar, tras oír esa explicación, que yo sería una de las pocas personas que restan en un mundo vacío, escondiéndose en la seguridad de su sótano, jodiendo a una impensable y engañosa entidad que juega a ser omnipotente con tan sólo rehusarme a abrir una puerta. Es una explicación perfecta para cada evento extraño que he escrito aquí; tengo todas las razones del mundo para dejar ir mis miedos, y abrir esa puerta.
Y es exactamente por eso que no lo haré.
¿Cómo puedo estar seguro? ¿Cómo puedo saber qué es real y qué un engaño? Todas estas malditas cosas con sus cables y sus señales que nacen de un origen imperceptible y llegan hasta ti, ¡no son reales, no puedo estar seguro! ¡Señal de video, de celular, correos! Incluso la televisión, ahora silenciosa, partida por la mitad, en el suelo. ¿Cómo podría saber qué es real? Todo mensaje no es más que energía, ondas, luz… la puerta. ¡Está golpeando la puerta! ¡Intenta entrar! ¿Qué alimaña mecánica podría estar empleando para simular a una persona golpeando una puerta tan perfectamente? Al menos ahora podré verlo con mis propios ojos. No queda nada con lo que pueda engañarme; no puede engañar a mis ojos, ¿o sí? Ve con tus propios ojos, no confíes en ell… un momento, ¿ese mensaje trataba de decirme que confiara en mis ojos, ¡o advertirme sobre mis ojos también!? Oh, por Dios, ¿cuál es la diferencia entre una cámara y mis ojos? Ambos transforman la luz en señales eléctricas, son… ¡lo mismo! No puedo permitir que me engañe, Dios, ¡no puedo permitir que me engañe! No voy a permitirlo, no puedo estar seguro. ¡Necesito estar seguro!

Fecha desconocida
He pedido tranquilamente una pluma y un papel, por el día, por la noche, hasta que finalmente me los dio. No que importe, ¿qué voy a hacer? ¿Sacarme los ojos de nuevo? Los vendajes se sienten como una parte de mí ahora. El dolor se ha ido. Supuse que ésta sería una de mis últimas oportunidades de escribir legiblemente, puesto que sin mi vista que corrija errores, mis manos progresivamente olvidarán el mecanismo involucrado. Es un capricho, escribir… un vestigio de otra era, porque evidentemente ha asesinado al resto del mundo.
Me siento contra la pared día y noche. La entidad me trae comida y agua. Se disfraza como una amable enfermera, como un antipático doctor. Sabe que mi oído se ha agudizado considerablemente ahora que estoy en oscuridad; finge conversaciones en el corredor, con la intensión de que lo escuche. Una de las enfermeras habla sobre tener un bebé pronto, uno de los doctores perdió a su esposa en un accidente de auto. No que importe, nada de eso es real. Nada me llega, no como ella lo hace.
Ésa es la peor parte, la parte que casi no puedo soportar. Esa cosa viene a mí enmascarada como Amanda. Su recreación es perfecta. Suena exactamente como Amanda, se siente exactamente como ella. Hasta produce una simulación admirable de sus lágrimas, que me obligó a sentir sobre sus tibias mejillas. En un inicio, cuando me trajo aquí, me dijo todas las cosas que quería escuchar. Me dijo que me amaba, que siempre lo había hecho, que no entendía el porqué de esto, que todavía podíamos tener una vida juntos, ir al parque todos los días, si quería.
Con la condición de que dejara de insistir sobre la farsa. Quería que creyera. No, necesitaba que lo hiciera. Que era real, que era ella. Jamás sabrás qué tan cerca estuve de ceder a ese acto tuyo. Dudé de mí mismo por mucho tiempo; pero eres un perfeccionista, todo era demasiado real o lo que entiendes por real, y, ¿sabes?, la realidad tiene otras cosas que aún no alcanzas a captar, quizá porque ni siquiera nosotros mismos logramos hacerlo del todo, ni representarlo.
La falsa Amanda venía todos los días, luego cada semana, hasta que por fin dejó de joderme con ella… pero no creo que la entidad se rinda. El juego de esperar es otro de sus trucos. Lo resistiré por el resto de mi vida, si es necesario. No sé qué fue lo que le ocurrió al resto del mundo, pero sí sé que esta cosa necesita que caiga. Si es así, entonces tal vez, sólo tal vez, soy una piedra en su camino. Quizá Amanda sigue con vida en algún lado, mantenida con vida únicamente por mi voluntad de resistir el engaño. Me sostengo a esa esperanza, meciéndome hacia adelante y hacia atrás en mi celda para pasar el tiempo. Nunca me rediré. Nunca caeré. Soy… ¡un héroe!
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El doctor leyó el papel en el que el paciente había escrito. Apenas podía entenderse, escrito con la temblorosa mano de un ciego. Quería sonreír ante la firme determinación del joven, un recordatorio de la voluntad humana de querer sobrevivir, pero sabía que el paciente estaba completamente delirante.
Después de todo, una persona sana hubiera caído en el engaño hace mucho tiempo.
El doctor quería sonreír. Quería susurrar palabras de ánimo al delirante joven. Quería gritar, pero los delgados filamentos conectados a los nervios de su cabeza y en sus ojos se lo impedían. Su cuerpo caminaba a la celda como una marioneta, y le decía al paciente, una vez más, que estaba equivocado, y que no había nadie tratando de engañarlo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Historia de terror:La casa





Esta es mi historia, mi locura ,mi soledad y mi tristesa . La culpa me va consumiendo de a poco , ya no como , no bebo y no tengo ganas de vivir. Ya no tengo mas nada en la vida , he perdido todo, si no fuera por mi intriga de averiguarlo , cuanto me arrepiento .Soy un joven de 18 años que todavía me queda mucho por vivir pero lo que he vivido no lo puedo superar. 
Todo comenzó en la casa de Joaquin (mi mejor amigo) , que siempre nos reuníamos con Ana , Lucas , Agustina y yo. Siempre estábamos muy unidos, nos reuníamos para charlar y tomar algo. La mayoría de las veces jugábamos al "Juego de la Copa" , siempre cuando jugábamos se movían cosas ,se escuchaban gritos , golpes , llantos , y lo peor de todo sombras. Nosotros vivíamos serca de una casa abandonada , es una casa tétrica, parecía punto de derrumbarse y estaba casi completamente cubierta por hiedra y ortigas. era de tres pisos y las ventanas estaban esquebrajadas. El patio estaba delimitado por un seto de tejos, y el pasto ya estaba muy seco. La puerta se abre con un rechinido escalofriante; estaba invitando a la gente a entrar. Se decían muchas historias de esa casa , escalofriantes , y terroríficas , muchos grupos de jóvenes ingresaron a la casa y no se supo mas nada de ellos. Un día yo les plantee a Ana una chica rubia y muy bella , de decirle a Joaquín un chico inteligente y muy religioso , a Lucas el mas grande del grupo y a Agustina la mas seria , de ir a esa casa. Les intereso mucho la propuesta menos a Joaquín, me costo un poco convencerlo , pero al final lo termine de convencer. El 21 de enero a las 12 de la noche , organizamos todo para ingresar , teníamos cámaras digitales , grabadoras , linternas, todos los elementos para investigar y poder subirlos a internet. 



Ya estábamos en la puerta de la casa, intentando entrar , pero estaba custodiada por policías , entonces nos escondimos y pudimos entrar por una ventana trasera. Estábamos en una habitación de la casa, estaba todo oscura, en la pared un ritual satánico que ocupaba toda la pared , velas en el piso , calaveras , animales degollados , y un olor muy asqueroso se sentía en esa habitación. Salimos de la habitación y nos encontramos con un pasillo largo , con muchos juguetes , sillas rotas , las paredes escritas , muchas habitaciones , partes de cuerpo humano putrefactas, era horrible. Empezamos a grabar a investigar la casa , a medida que íbamos caminando nos encontramos con mas rituales , era muy terrorífico. A medida que íbamos caminando íbamos encontramos una carta , que decía "Vallasen, no tienen nada que hacer acá " , pero nosotros queríamos investigar bien la casa y no le dimos importancia. Estábamos en el medio del pasillo y vimos una habitación muy escalofriante , lo único que tenia esa habitación era una silla y una frase que decía "No son bienvenidos" , nosotros ingresamos y de repente escuchamos un grito , que nos paralizo , la silla se empezó a mover nosotros asustados empezamos a correr y subimos las escaleras de madera llenas de sangre , que no la vimos cuando entramos a la casa . Cuando pudimos subir el clima cambio totalmente , era un clima frío , asustados nos metimos en una sala bastante grande , una mesa muy grande , con un mantel rojo , con copas de oro , cubiertos , platos , velas encendidas , era todo muy raro . Ana se quería marchar , pero yo obsesionado quería seguir investigando , empecé a discutir con Lucas , pero después de un rato seguimos con la investigación. Al rato de terminar la discusión desaparece Agustina , nadie sabia como desapareció , entonces decidimos dividirnos en 2 grupos Lucas con Ana y Yo con Joaquín. Ellos se fueron al primer piso , y nosotros empezamos a buscar en el segundo. Había una habitación que me llamaba la atención , decidimos entrar con Joaquín y encontramos a Agustina , en un rincón de la habitación , la habitación estaba totalmente desocupada , no había nada , lo único era ella y nosotros. Joaquín la ayuda a levantarse y Agustina lo agarra del cuello y se lo quiebra , yo sorprendido por esa acción , tiro la cámara y voy corriendo agarrar a Joaquín. Cuando lo agarro el estaba muerto , sentí un vacío dentro mio y de la bronca me largue a llorar , Agustina se ríe con una risa diabólica y empieza hablar un lenguaje que nunca había escuchado y tenia una voz muy fría y rara. Ella me mira , se ríe y me dice "ahora le toca a Ana" y se va corriendo , asustado fui a buscarlos a Ana y Lucas. Cuando estaba en la escalera escucho a Lucas gritando , voy corriendo a ver que sucedió y al bajar e ir al pasillo , en la mitad de ese pasillo , encuentro encuentro a un hombre alto , pálido , con unos ojos sin vida , sin alma , tenia unas garras llenas de sangre , estaba con una vestimenta negra muy oscura , las orejas puntiagudas , con el pelo gris , a su alrededor una niebla extraña , no tenia labios , le resaltaban sus dientes, bajo su pata gotiante yacía el cuerpo sin vida de Joaquín , destripado. Yo paralizado me quede mirándolo , y de repente viene corriendo hacia mi, dejando el cuerpo de Joaquín a un lado , y al llegar cerca de mi el me traspasa como si no hubiera nada, al momento que me traspasa siento frío y tristeza , al ver que me traspasa volteo y el ya no estaba mas. Me quede un rato paralizado y al rato me doy cuenta que Joaquín estaba todo descuartizado , el brazo izquierdo estaba todo mordido , no tenia ojos , toda la cara cortada , todo su cuerpo ensangrentado , sus piernas cortadas , todo destripado , no sabia que hacer, hasta que escucho otro grito de Lucas al final del pasillo y voy corriendo. Al llegar al final del pasillo , veo a Lucas llorando , yo le preguntaba por Ana , pero el seguía llorando , lo abrase y lo trate de consolarlo , lo pude calmar y le pregunte devuelta por Ana y el me contesto "Agustina se la llevo", y escuchamos unos gritos del tercer piso , e inmediatamente fuimos a buscar a Ana , a llegar a la escalera , aparece ese hombre que apareció en el pasillo y lo agarra a Lucas y se lo sube rápidamente por la escalera , yo corriendo atrás de ellos asustado, y al estar en el segundo piso veo una niña muy pequeña , llevaba una muñeca en su mano derecha , tenia un vestido blanco , zapatos negros , ojos rojos , pelo blanco , yo me quedo mirándola y ella empieza a caminar hacia mi , y al estar cara a cara conmigo , empieza a gritar , se reía y se va corriendo , yo asustado lo único que pensaba era salvar a mis amigos e irme lo mas pronto posible. Al momento que se va la niña me voy al piso 3, al subir las escaleras , era un sótano , totalmente vacío , lo único que vi era a Ana acostada sobre una estrella satanice y al rededor de ella había velas negras y rojas , estaba llena de sangre , ella estaba muerta , y a lo lejos veo a Agustina riéndose , yo me quede mirando y de la nada siento que algo me agarra de atrás del pelo , era Agustina y me arrastra hasta el pasillo riéndose , me tira al medio del pasillo y me dice "Ahora me falta Lucas" se mete en la habitación donde estaba la silla , yo tomo fuerzas y voy a esa habitación. Al entrar a esa habitación veo a Lucas sentado en esa silla y a Agustina escribiendo en las paredes con sangre, yo trato de agarrar a Lucas e irnos de esa casa , al instante de que Lucas y yo salimos de esa habitación , Agustina empieza a gritar y todo en el pasillo empezó a cobrar vida , todo se movía , las muñecas parpadeaban , las sillas se movían , nosotros corrimos y al correr a Lucas lo agarro Agustina de las piernas y lo empezó a descuartizar adelante mio, ella se reía , yo llorando y corriendo voy hacia la salida de la puerta , al abrir la puerta veo otro pasillo , era muy raro porque esa puerta tendría que dirigirme hacia la el patio de la salida, al ver otro pasillo seguí corriendo , hasta que me desmaye. 



Al despertarme estaba devuelta en el sótano , estaba rodeado de personas, esas personas tenían una túnica roja y negra, estaba rodeado de velas , sangre por doquier, estaban hablando en un idioma raro, diciendo oraciones , yo asustado pude levantarme y salir corriendo , al bajar las escaleras , veo a Ana tirada en una habitación , yo seguí corriendo sin darle importancia , al bajar al primer piso, la puerta principal estaba abierta y se podría ver la calle , al salir sentí un alivio , pero ala vez tristeza y odio. Al poder salir a la calle volteo y veo a la casa, y al voltear veo a Agustina riéndose y cerrando la casa. Yo rápidamente fui a mi casa , asustado , al entrar a mi casa , veo a mis padres y yo llorando desconsoladamente , me tratan de consolar y les cuento todo lo que paso. 



Aquella noche nunca la voy a poder olvidar , es algo que quedara marcado siempre en mi vida , yo nunca creí en fantasma en nada hasta aquella noche. Todo lo que he vivido aquella noche, ver a mis amigos así , ver esas cosas, yo ya no podía superarlo , entonces decidí acabar con mi vida, si estas leyendo esta carta es que yo ya no estoy mas con vida.
 



Historias de terror:No Abras La puerta

Muchas personas piensan que esto que os voy a relatar es una simple leyenda, un cuento o incluso una falsa historia, pero yo lo único que puedo hacer es contárosla, a partir de ahí, sacad vuestras conclusiones. Hace 2 años, estaban en su casa, tan tranquilos, María, una señora de 40 años que se había divorciado recientemente, con su hijo pequeño de tan solo 8 años. Como era de costumbre María se tenía que ir todas las noches a trabajar, debido a que era una mujer con muchas responsabilidades( tanto en su trabajo como en su casa). Pero aquel día sería muy diferente al resto de los demás; ya que, cuando se encontraban cenando vieron en las noticias que un asesino en serie, muy peligroso y agresivo había escapado del centro penitenciario de la ciudad. Lo más grave de la noticia no era que este interno hubiese escapado, lo peor era que había sido visto pocas manzanas cercanas del hogar de la familia. Esto provocó la incertidumbre de María que al irse al trabajo tenia que dejar a su hijo solo en casa. Maria para prevenir desgracias cerró las ventanas, puertas, y le explicó lo siguiente a su hijo: - No habrás ninguna ventana ni las puertas. Aunque llevo las llaves, por si ocurre algo, yo llamaré 3 veces seguidas al timbre o simplemente me reconocerás por la voz y entonces sabrás que soy yo. Llegado el momento, María se fue a trabajar y dejó a su hijo solo. Éste, lleno de miedo, cerró la puerta a cal y canto y se puso a ver la tele para relajar la mente. Al cabo de rato, el chico ya estaba dormido cuando de pronto llaman a la puerta. PON...PON....el chico se despertó y aterrado se dirigió muy despacio hacia la puerta y dijo: - ¿Eres tú mamá?. La respuesta vino con otra serie de golpes acompañados de un susurro escalofriante que decía: JABREME DA PUETA. El niño atemorizado huyó hacia su habitación donde se pasó la noche llorando y esperando a que llegase su madre, hasta tal punto que se quedó dormido. Al día siguiente cuando se levantó se dio cuenta de que su madre no había vuelto. Y aún con miedo se dirigió a la puerta que conducía a la salida de la casa y se encontró a su madre con las piernas cortadas( por lo que no pudo llegar al timbre), la lengua cortada( por lo que no le pudo reconocer la voz) y totalmente ensangrentada. Desde ese día este chico tuvo que estar hospitalizado en un psiquiátrico y no pudo dormir sin sufrir constantes pesadillas........ y si os preguntáis por que sé, es por que, simplemente, soy ese niño. 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El experimento ruso del sueño





A fines de los años 40, cuando aún la Unión Soviética era gobernada por el puño de acero de Stalin, un grupo de científicos rusos decidió llevar a cabo un experimento en que, a base de un gas estimulante, se mantendrían despiertos a cinco sujetos por un periodo de quince días.
Primeramente los cinco individuos fueron conducidos a un entorno cerrado a fin de que se pudiese monitorear el empleo de oxígeno, ya que el gas estimulante resultaba letal en elevadas concentraciones. A fin de observar cuidadosamente a los sujetos del experimento, y ya que en ese entonces todavía no existía el sistema de “circuito cerrado” con cámaras de vigilancia, se emplearon micrófonos y unas ventanas con vidrios de 5 pulgadas de espesor. Por otro lado, la habitación del experimento contaba con libros, mantas para dormir cómodamente (aunque sin camas), agua corriente, un baño y provisiones alimenticias que alcanzaban para que todos los cinco sujetos sobreviviesen un mes entero.
Pero… ¿qué habían hecho los sujetos del experimento para estar allí? Estos eran prisioneros políticos y militares enemigos capturados durante la Segunda Guerra Mundial. Stalin había dicho una vez que “la violencia es el único medio de lucha, y la sangre el carburante de la historia” y, en concordancia con esa manera de pensar, miles de individuos habían sido torturados, enviados a trabajos forzados en Siberia, o asesinados con un tiro en la nuca. Pero el destino de estos prisioneros sería aún peor…
Durante los primeros cinco días todo estuvo relativamente bien y pocas eran las quejas, en gran parte porque los habían engañado, prometiéndoles la libertad si se sometían a la sencilla prueba de no dormir por 15 días. Curiosamente y ya en ese breve intervalo inicial de 5 días, los investigadores notaron que, mientras más tiempo pasaba, los sujetos se mostraban más propensos a hablar sobre eventos traumáticos de su pasado.
El primer punto de inflexión vino después de los 5 días iniciales, pues los sujetos comenzaron a quejarse de los hechos que, según ellos, los habían conducido a terminar en el experimento. Sus miradas ya no eran las mismas, sus gestos y actitudes denotaban el inicio de la paranoia. La camaradería de los días pasados se resquebrajó y dio paso a cinco individuos desconfiados, que ya no hablaban entre sí y que murmuraban alternativamente en los micrófonos, tratando de no ser vistos por sus compañeros y evidenciando que pretendían ganarse la confianza de sus captores al traicionar a sus camaradas. En opinión de los científicos, los cambios conductuales de los sujetos eran un efecto del gas y la privación de sueño.
Ya en el noveno día, uno de los sujetos de prueba comenzó a correr como locoe por toda la habitación, gritando y gritando sin parar… Así estuvo unas tres horas, en un espectáculo atroz donde su voz, como consecuencia del desgaste de las cuerdas vocales, estaba cada vez más ronca; además, naturalmente el hombre cayó algunas veces, pero siempre se volvía a levantar, pese a que estaba bañado en sudor y hasta llegó a escupir sangre antes de no poder dar más que gritos ocasionales y, finalmente, caer presa del silencio, ya que sus cuerdas vocales estaban destrozadas… En cuanto a los compañeros del sujeto que gritaba, mostraron inicialmente una escalofriante indiferencia: seguían murmurando en los micrófonos, encerrados en sí mismos. Sin embargo, cuando un segundo sujeto se puso a correr y a gritar como el primero, dos de los tres que no gritaban agarraron algunos libros, les comenzaron a arrancar páginas, defecaron, las cubrieron con sus heces y las empezaron a pegar en las ventanas de la habitación, tras lo cual dejaron de correr los dos que corrían y, el que aún gritaba (el otro ya no podía, se había destrozado las cuerdas vocales), dejó de gritar. También, a raíz de eso nadie volvió a murmurar en los micrófonos.
Tres días después de lo sucedido con las ventanas, los investigadores quisieron revisar los micrófonos a ver si todavía funcionaban; puesto que, desde lo sucedido con las ventanas, no se había escuchado ninguna palabra o ruido en los micrófonos, pese a que el consumo de oxígeno indicaba que los sujetos vivían y, además, era un nivel de consumo propio de quienes realizan ejercicios extenuantes…
Llegado el día 14, la preocupación por el estado de los voluntarios era muy grande y los científicos hicieron algo que inicialmente no pensaban hacer puesto que podía alterar el curso del experimento: trataron de llamar la atención de los sujetos de prueba. Para ese fin, emplearon un intercomunicador que hasta el momento había pasado desapercibido por los cinco prisioneros, quienes en ese momento escucharon una voz fría y autoritaria que les decía: “Abriremos el cuarto para comprobar el estado de los micrófonos. Aléjense de las puertas y acuéstense con las manos atrás en el suelo o se les disparará. A uno de ustedes se le otorgará la libertad si obedecen”. Entonces, desde uno de los micrófonos, una voz dijo, en tono terminante y sin encontrar oposición en otras voces, algo que dejó atónitos a los investigadores: “No queremos ser liberados”
Lo antes descrito suscitó gran debate entre los científicos y los militares responsables del proyecto. Se intentó varias veces y en vano comunicarse de nuevo con los sujetos, pero estos no dijeron palabra alguna ante lo escuchado desde el intercomunicador. Así pues, al anochecer del día 15 se decidió abrir la puerta de la habitación y ver lo que por días cubrieron aquellas páginas arrancadas y llenas de excremento que, como viles trofeos de la miseria humana, tapaban los gruesos cristales del maldito recinto.
Antes de entrar, los investigadores extrajeron el gas de la habitación y empezaron a mandar aire fresco, pero entonces comenzaron a escucharse montones de quejas en los micrófonos. Eran tres voces que, rogando en nombre de sus seres queridos, pedían que volvieran a mandarles más gas estimulante. Sin embargo, el suministro de gas no se repuso y, cuando por fin abrieron la puerta, los sujetos de prueba vociferaron, con excepción del que tenía dañadas las cuerdas vocales (éste fue uno de los cuatro supervivientes), los alaridos más fuertes y espantosos que jamás habían escuchado en toda su vida aquellos aterrorizados soldados. Y es que nada, ni siquiera las balas zumbando en el campo de batalla o los cadáveres regados por las calles de Stalingrado que uno de los presentes había visto: nada se equiparaba al horror dantesco que tenían en frente…
Gran parte de la comida, que habría bastado para los últimos cinco días del suplicio, no había sido tocada en lo más mínimo. Todo el suelo estaba cubierto de una repugnante mezcla de sangre, agua, heces, orina, ya que el hueco de drenaje, que estaba en el centro de la habitación, había sido tapado con trozos de carne de las costillas y pantorrillas del sujeto muerto, cuyo cadáver yacía arrimado en la esquina izquierda del fondo, con la boca abierta, la cabeza ladeada, y la mirada inerte, aunque con un inusual gesto que parecía congelar la experiencia inefable de quien ha alcanzado la escabrosa cima del tormento.
En cuanto a los supervivientes, estaban en tales condiciones que habrían hecho parecer criaturas de aspecto afable a los zombis: se notaba que se habían arrancado pedazos de piel y carne con sus propias manos, ya que las puntas de sus dedos estaban destrozadas, y el hueso estaba expuesto en zonas donde no habrían podido sacar carne con sus propios dientes. Por otra parte, a más de las heridas provocadas por la carne y la piel que se habían arrancado, todos tenían muchas otras lesiones, la mayoría de ellas autoinfligidas. Y en cuanto al daño causado por la carne que se habían arrancado a sí mismos, era algo tan atroz que, debido principalmente a toda la cantidad de músculo intercostal que ya no tenían, podían vérseles los órganos internos, ya que desafortunadamente no habían comprometido suficientemente a sus órganos vitales como para perecer, excepto aquel que ahora reposaba muerto en la esquina, pues le faltaba aproximadamente medio hígado…  Tenían los intestinos expuestos, palpitando por la comida que habían ingerido recientemente, y que no era el atún ni nada que contuvieran las latas en conserva que les dejaron para alimentarse decentemente, sino su propia carne.
Pese a que la mayoría de los soldados que entraron a la habitación o vieron lo que había en ella eran de las Fuerzas Especiales, ninguno quiso volver a entrar, y uno de ellos se puso a llorar como si hubiese visto a su madre cortada en trocitos… En cuanto a los cuatro supervivientes, todos pedían con desesperación que les dieran gas. “¡No quiero dormir, no quiero dormir!”, gritaba uno de ellos con la voz empañada en llanto y desesperación, tal y como quien, ante la amenaza de ser ejecutado, grita histéricamente “¡no quiero morir, no quiero morir!”. Y es que todos querían estar despiertos: esa era su adicción, eso era lo único que importaba. La dignidad, la esperanza, las memorias del pasado, todo se había hundido, el sentido de la vida se había reducido a la persecución desesperada de mantener los ojos abiertos, y el cerebro activo, no ya para pensar la realidad u orientarse en ésta, sino porque, la sensación de vitalidad propia de estar bien despierto, había pasado a tener el valor de la vida misma.
Ahora, y si bien ningún soldado quería regresar, tuvieron que obedecer las órdenes de sus superiores y volver a aquella pequeña sucursal del infierno, donde los cuatro dementes, que sólo querían permanecer en el cuarto para recibir más gas, presentaron la fuerza de auténticos poseídos por el Demonio, mostrándose tan salvajes que un soldado falleció cuando uno de los sujetos de prueba le mordió el cuello tan fuertemente que le abrió la yugular, y otro soldado resultó gravemente herido porque uno de los supervivientes le mordió la arteria femoral y los testículos, con tanta rabia que literalmente se los reventó, los soldados tenían la orden de preservar la vida de los sujetos de prueba así que no pudieron dispararle. Además de estos dos soldados que fueron víctimas por accidente del experimento, cuatro de ellos acabaron suicidándose en las semanas posteriores al nefasto día, sumando cinco los que murieron por causa del experimento sin ser parte del mismo.
Otro caso lamentable fue el de uno de los cuatro sujetos de prueba. El hombre sufrió una hemorragia después de dañarse el bazo cuando intentaba agredir a los soldados; intentaron sedarlo, pero ni siquiera con la dosis de morfina multiplicada por diez se consiguió controlarlo, pues seguía agitándose como un animal salvaje, y hasta logró romperle el brazo y las costillas a uno de los médicos que intentaban ayudarlo. Habiendo roto los amarres y estando fuera de sí, el sujeto fue acorralado en una esquina de la sala médica por los soldados. Nadie se le acercaba, todos se limitaban a impedir que la bestia humana cometiera más destrozos. “¡Máaaaas, máaaaas!”, gritaba el sujeto, con los ojos desorbitados, la cara marcada por arañazos que se había autoinfligido en su desesperación por el gas, y las manos puestas en un ademán de ira, impotencia y súplica. Así permaneció por tres minutos enteros en que su corazón latía al máximo posible: “¡Máaaaas, máaaas!”, se escuchaba por toda la sala, primero como un alarido brutal e intimidante, posteriormente como un grito atenuado, después como un murmullo agónico y vencido, y finalmente como una boca abierta de cuyo fondo no salía otra cosa sino el silencio, triste presagio de la muerte que lo tocó cuando se desplomó de improviso.
En cuanto a los tres supervivientes restantes, a éstos se los pudo inmovilizar y conducir a distintas instalaciones médicas: dos de ellos, aún con las cuerdas vocales intactas, no dejaban de vociferar pidiendo gas… El tercero, que era el más herido de los tres, no pudo ser calmado con morfina, pero usaron un sedante distinto que sí lo inmovilizó, aunque su corazón dejó de latir cuando sus ojos se cerraron; posteriormente, en la autopsia, se determinó que sus niveles de oxígeno en la sangre eran anormalmente altos.
Otro de los sujetos, aquel que tenía destruidas las cuerdas vocales, giraba la cabeza en señal de negación cuando plantearon ponerle gas anestésico para llevarlo a la sala de cirugías. Entonces uno de los médicos sugirió no anestesiarlo, y sorprendentemente el sujeto empezó a mover violentamente la cabeza, en señal afirmativa: era increíble, tanto le importaba estar despierto que prefería aguantar el dolor de la cirugía con tal de no dormirse a causa de la anestesia… Seis largas horas duró la cirugía, dentro de la cual se intentó cubrir los principales daños que el propio sujeto había causado en los órganos de su caja torácica. Según relató una traumatizada enfermera que colaboró con los médicos durante la operación, el paciente sonreía de una manera extraña y enfermiza cada vez que hacía contacto visual con ella. Era como si se complaciera en mostrarle la capacidad que tenía para deleitarse ante su propio tormento, como si eso que le estaban haciendo fuera algo rutinario, algo habitual…
Una vez que la cirugía acabó, el paciente miró al cirujano y empezó a hacer gestos con la boca y las manos, como indicando que quería hablar y que le dieran algo para escribir. Entonces el cirujano tomó un cuadernillo que estaba cerca, y se lo dio junto con un bolígrafo. “SIGUE CORTANDO”, escribió el sujeto, con letras mayúsculas que evidenciaban un pulso tembloroso, producto de un insano estado de alteración emocional.
En cuanto al último de los supervivientes, este fue enviado a la sala de cirugía, donde decidieron operarlo sin anestesia después de ver lo ocurrido con el sujeto antes descrito. En su caso, tuvo que inyectársele un líquido paralizante porque no dejaba de reírse a carcajadas, agitándose tanto que hacía imposible la cirugía sin anestesia. Gracias al líquido paralizante, se lo pudo operar sin anestesia. Lo único que podía mover eran los ojos, y aún en tan pequeño margen de libertad motriz se evidenciaba la locura, el disfrute ante lo que estaban haciéndole…
Una vez que pasaron los efectos del líquido paralizante, el sujeto volvió a pedir gas, y cuando le preguntaron por qué él y sus compañeros se lastimaban y por qué necesitaban tanto el gas, el hombre se limitó a decir en forma lacónica y con tono de absoluto convencimiento en sus palabras: “Debo permanecer despierto”.
Los dos supervivientes finales continuaron siendo atendidos por los médicos; y, cuando los militares que idearon el proyecto aparecieron y vieron que las cosas no habían salido tan bien como se esperaba, les reclamaron fuertemente a los científicos e incluso ordenaron ejecutar con inyección letal a los dos sujetos de prueba que aún vivían. No obstante, antes de que se cumpliese la orden de ejecución, el líder de los militares al mando del proyecto, un ex agente de la KGB, volvió a pensarse la decisión inicial y, viendo potencial en los resultados aparentemente desalentadores, ordenó mantener vivos a los dos supervivientes, a fin de ver qué pasaba si los exponían nuevamente al gas que tanto habían pedido y que hasta el momento se les había negado. Los científicos, traumatizados por su experiencia, se negaron rotundamente y aludieron tanto razones éticas de carácter humanitario, como razones de pura conveniencia personal; aunque, como era de esperarse, el militar impuso su autoridad: “Continúen con el experimento y háganlo bien, si no quieren terminar siendo ustedes los sujetos de prueba”. Nadie osó reír: sabían que para muchos militares soviéticos no representaba nada acabar con una vida humana, e incluso uno de los investigadores, al escuchar las amenazas del comandante, recordó el caso de su primo Yuri, que murió con una bala en el cerebro por negarse a experimentar con un prisionero de guerra nazi.
Una vez que los dos supervivientes se enteraron de que al fin recibirían el gas, mostraron una alegría inmensa. Hasta el momento, se las habían ingeniado para permanecer despiertos: uno de ellos cantaba una canción; el otro, que tenía dañadas las cuerdas vocales, se la pasaba dibujando y, cuando el sueño parecía vencerle, se mordía la boca hasta sangrar… Éste último, el mudo, puso una sonrisa de alucinado cuando se enteró de que le darían gas: una sonrisa amplia, simétrica, “de oreja a oreja”, una sonrisa estática, como si estuviese viendo quién sabe qué maravilla inaccesible a la imaginación común…
Antes de ser reintroducidos en la habitación, a los prisioneros se les colocaron medidores de ondas cerebrales. Sorprendentemente, las ondas se mostraban normales casi todo el tiempo, aunque con breves líneas rectas que después desaparecían, y que eran semejantes a las experimentadas durante la muerte cerebral. El prisionero que podía hablar, al sentir que se adormecía durante cada intervalo de línea recta, entró en desesperación y comenzó a gritar: “¡El gas, rápido, rápido! ¡El gas, el gaaaas, el gaaaas!”. Conteniendo sus ganas de reír, el comandante ordenó que se cerrara la habitación con los dos sujetos de pruebas y con tres de los científicos. Al escuchar la orden, dos de los científicos sospecharon que los dejarían allí adentro por varios días, pero más se inclinaron a pensar que era algo momentáneo y que además los dos sujetos de pruebas no se mostrarían violentos porque tendrían el ansiado gas; sin embargo, el tercer científico recordó una conversación que había escuchado entre uno de los soldados y el comandante, cuando estaba en el baño y nadie sabía que él estaba allí:
―Dígame, capitán, ¿qué le parece si dejo a algunos de los científicos junto a los locos? Quizá también a ellos les guste el gas, ¿no cree? Sobre todo Ivanov, que ha estado mirándome de manera resabiada, no vaya a ser que se le suba el gas a la cabeza e intente matarme, ¡hahahahahahahahaa!
―Si me lo permite, creo que la medida es demasiado severa, mi comandante. Creo que mejor sería mandarlos a Siberia.
―¿A Siberia? Pero si van a estar bien felices con el gas, ¿no ve que el gas es el sentido mismo de la vida? Quien prueba el gas, no quiere ya nada. Imagínese, capitán, una inhaladita y nunca más sufrirá por dinero, por mujeres, por ideales, ¡por nada! Vamos, no me mire así, estoy bromeando, camarada.
“No, no estás bromeando, bastardo”, pensó Ivanov tras recordar la conversación y entonces, antes de que se cerrara la puerta y llegaran tres soldados que el comandante había llamado por radio, reparó en que el soldado escolta (del comandante) había dejado en una silla su revólver, y temblando de ira lo tomó, le disparó al comandante, después le voló la cabeza al prisionero mudo y se puso en una esquina, apuntando al único sujeto de prueba que quedaba y aprovechando que los otros dos científicos habían huido y el soldado escolta también (que era el capitán al cual había escuchado hablar con el comandante), casi seguramente porque no quería matar ni morir, pues si moría dejaría de ser para siempre (era un marxista en toda regla), y si vivía se sentiría aún más culpable por matar a un hombre de ciencia en nombre de un proyecto perverso, cuyos abominables frutos lo habían hecho replantearse su lugar en el mundo desde el día en que abrió esa puerta maldita y vio a esos cinco engendros, que no podían ser llamados “humanos”, “bestias” o “monstruos”, que eran como cinco espejos crueles y a la vez como cinco preguntas: espejos, porque mostraban lo peor que sabemos de nosotros mismos, eso que se refleja en las maldades que les hacemos a nuestros semejantes; preguntas, porque mostraban algo escalofriante, una parte de nosotros que no conocemos, que solo intuimos levemente, que no nos atrevemos a preguntarnos qué es, pero ahora, en esos cinco ex-humanos, se erguía poderoso e imponía, en cualquiera que lo percibiese, la necesidad de preguntarse qué era “eso”…
“¡No me encerrarán con esta cosa! ¡No contigo! ¡¿Qué eres?! ¡Necesito saber!”, dijo el científico de bata blanca, mirando a “eso” que tenía en frente suyo, esperando una respuesta antes de que lo dispararan o lo detuviesen, cosa que increíblemente no había ocurrido aún.
Con una sonrisa demencial y perversa, tal y como si fuera el portador de un secreto prohibido empañado en decadencia, el prisionero miró al techo, volvió a mirar al científico y le dijo con deleite, queriendo perforarle el alma con la negrura de una verdad encarcelada por la cordura: “¿Tan fácilmente te has olvidado de mí? Somos ustedes, somos la locura que está encerrada en todos ustedes. Somos la locura que ruega por libertad en cada momento de sus vidas, desde lo más profundo de sus mentes animales. Somos aquellos de lo que se esconden en sus camas todas las noches. Somos lo que duermen, silencian y paralizan cuando se van a su cielo nocturno, donde nosotros ya no los podemos alcanzar.”
Nadie habló mientras “eso” hablaba a través del prisionero, excepto el científico que sostenía el arma y, sin poder soportar el Evangelio de la Locura, apuntó al corazón de aquel demente y disparó. “Casi…tan…libre”, le escuchó musitar, sin creérselo porque acababa de destrozarle el corazón y allí, en la sala de control, sus compañeros veían que la pantalla de actividad cerebral no mostraba señal alguna de vida. “Eso” que habló ante el asombro de todos había callado por fin, pero solo en los labios del pobre sujeto de pruebas: en las mentes, de los investigadores, de los soldados, del lector de este creepypasta, “eso” seguirá susurrando en cada uno de nosotros, quizá mostrándose en aquellos breves lapsos que algunos de nosotros tenemos, lapsos en que el gobierno de la razón colapsa ante el peso de la realidad, y la locura, siempre más fuerte que las mayores calamidades de la vida, toma el control con voluntad libertadora…

Creepypasta sacado de www.creepy-pastas.com

viernes, 21 de noviembre de 2014

Teorias de "Five nights at Freddys"

Hola,esta es la primera entrada de blog,aqui veremos muchos reviews de juegos de terror,creepypastas y secretos ocultos dentros de los videojuegos,bueno empezemos esto revisando lo que seria el juego de terror que marca este año 2014.Asi es.nos referimos al tenebroso "Five nights de Freddys" que hace poco se estreno su secuela,pero para estrenar el blog,y hablaremos de este y su precuela.Empezemos....

Nombre:"Five nights at Freedys"
Creador:Scott Cawthon
Año:2014
Tipo:Juego de terror "Indie" (Creado por compañias no tan famosas)

En este juego no adentramos en la piel de Mike Schmidt,un guardia de seguridad que fue contratado en la famosa pizzeria de Freddy Fazbear y tendra que pasar 5 noches para probar si esta listo para el trabajo o lo despiden,pero el no sabe que cada noche los animales viven y trataran de matarte...


En lo personal para mi este juego es uno de los que mas me gusto en este año,por la originalidad,los screamers y el escalofrio que te puede dar por miedo de que los animatronicos vengan.Pero de eso no les hablare,les hablare sobre las diversas teorías que rondan en internet y las relaciones que tiene el primer juego con el segundo:


The Bite of '87:


Esta teoria explica una de las razones de porque la pizzeria cerro,se trata que en una de las fiestas de cumpleaños que hace el lugar,hubo un incidente en que uno de los animatronics mordio a uno de los niños y le saco el lobulo frontal del cerebro del niño,como resultado,los animatronics dejaron de funcionar de dia como una de las medidas para que no ocurra esto de nuevo.


Quien fue el culpable?:


Hay tres sospechosos en este caso:Foxy,Freddy y Mangle


Foxy:Tal vez el mas cercano a ser el culpable,ya que de los 4 animales,el tiene los dientes mas afilados que quizas fue facil de matar al niño.Ademas que en su lugar llamado "Pirate Cove" trae un cartel que dice en español: "Lo sentimos,esta fuera de servicio",y aquel lugar fue cerrado y abandonado


Freddy:Otros fans especulan que Freddy fue el culpable,ya que en una de las camaras aparecen las reglas del recinto y una de ellas dice:"No tocar a Freddy".Parece ser que esta regla fue promulgada después del incidente.Tambien se ve dos manchas en forma de de manos en la cara de Freddy,lo que implica que la persona lucho contra el animatronic,resultando el incidente.Pero la pregunta es...¿Quien es el afectado? Unas teorias dicen que el protagonista de la secuela,Jeremy Fitzgerald y otras dicen que fue solo un niño,ya que Jeremy trabajo en el mismo año en que se produjo el incidente


Mangle:Esta teoria aparecio recien en uno de los videos de Town contando sobre las teorias del segundo juego.Pero como decia en el video,esta teoria descarta que el culpable sea Foxy ya que en el segundo juego estaba atrapado en reparaciones y no podia salir.Ademas que el segundo juego esta ambientado en el año 1987,dias antes de que se produjera el incidente.Y al parecer Mangle pudo hacerlo ya que hay que tener en cuenta que ella te ataca de arriba y justo en la frente,ademas que ella tiene los dientes afilados y la mandibula rota como la tiene Foxy


El caso de los niños desaparecidos:



Tambien otro de los misterios mas famosos del juego es cuando ves una camara de una e las salas aparecia un cartel de noticias cambiaba por todo el juego.La noticia decia que 5 niños habian sido secuestrados por causas desconocidas,por ello y por el incidente del 87,la pizzeria habia cerrado.

Un sospechoso no identificado fue detenido por el crimen, pero los cuerpos nunca fueron encontrados. Según la policía, el hombre iba vestido como una de las mascotas del restaurante para atraer a los niños.

Los padres asisten a la pizzería después de los sucesos de los asesinatos llamaron a la policía en respuesta a un olor horrible que viene de los animatronics. Ellos también dijeron haber visto sangre y moco proveniente de las caras de los animatronics ', sobre todo alrededor de la boca y los ojos. Además, algunos padres compararon los animatrónicos a "cadáveres reanimados."




La verdad detras del "Golden Freddy":




Hay muchas teorias que cuentan que es en verdad este misterioso personaje que aparece a partir de la noche 4 o 5 de este juego,una de ellas dice que este muñeco es en verdad el hombre del telefono que te habla de la noche 1 hasta la 5.Y puede ser que el hombre del telefono sea Jeremy en el primer juego porque como sabemos su muerte fue en la cuarta noche y mas o menos esa seria la primera aparicion del Freddy Dorado.O puede ser uno de los cinco niños secuestrados en ese entonces.

La Marioneta:(Una teoria mia)




Si la imagen les dio ataque cardiaco,disculpen pero es la unica manera de presentarles este personaje tan misterioso que encontre.Podria ser que ese muñeco fue el que planeo todo esto ya que mi teoria dice que quizas los animatronicos esen poseidos por el muñeco.

Les puedo explicarles esto de la siguente forma:Cuando se dijo que los animatronicos funcionaban mal y que iban a cerrar la pizzeria por unos dias.Podria ser que el responsable el caso de los niños desaparecidos lo hizo,al poner los cadaveres de los niños en los trajes,la sangre y el mal olor hizo que el sistema hiciera cortocircuito y comenzaba a funcionar mal.Pero la pregunta es:¿Que tiene que ver eso con la marioneta? Facil,el secustrador y asesino murio por quizas causas desconocidas y su espiritu quedo en el muñeco que hacia menos daño,o sea la marioneta.Pero hay que tener en cuenta que la pizzeria que aparecia el muñeco es mas antigua que el primer juego y el caso de los niños desaparecidos ocurrio en el primer juego.Podria haber una hipotesis de que en realidad hubo 2 casos de secuestro porque si hubiera uno,el asesino tenia que meter los cuerpos de los 5 niños en 5 trajes,pero el secuestro podria haber sido en 1987 o en este año porque el asesino hubiera metido a los niños en los muñecos del juego original o de la secuela

Pero tambien se dice que la marioneta es buena,ya que despues del asesino mate a los niños,el muñeco viene y resusita a los niños a traves de los trajes y ahora los niños buscan al asesino para matarlo...

Los animatronicos viejos....son viejos en realidad?






Si contamos el año que ocurren los hechos del primer juego con el segundo,se podra decir que el termino "viejo" NO EXISTE,el termino que se puede decir ahora es "aun no construidos",porque la pizzeria de la secuela o mejor dicho "precuela" en este caso,paso en 1987,año en que ocurrio el famoso mordisco del 87,de ahi pasaron casi 27 años para que ocurrieran los hechos del 1º juego.En 1987,los animatronicos que conocimos en el 1º Five Nights At Freddys aun no estaban construidos en su totalidad,eso explica el porque Bonnie no tiene su cara,o porque Chica tiene la mandibula rota o porque Foxy esta medio roto y tambien su justificacion de no haber hecho la mordida del 87,el y los otros animatronicos estaban encerrados en la sala de parts/service para que se contruyan en su totalidad y para que los niños no esten traumados.



CONCLUCION:


-Los trabajadores:En el primer juego nosotros eramos Mike Smitht mientras que Jeremy era el famoso hombre del telefono,en la cuarta noche el hombre del telefono o sea Jeremy fue atacado por los animatronicos,resultando su muerte instantanea.Quizas los animatronicos quisieron vengarse de el porque y dejenme usar negrita EL ERA EL SECUESTRADOR DE NIÑOS.Asi es,Jeremy era el guardia de seguridad del segundo juego y mientras Mike trabajaba,Jeremy hacia el gran crimen que tenia planeado.Cuando logro hacer el crimen,los animatronicos no se olvidaron de el y EN EL PRIMER JUEGO,LO MATARON FACILMENTE,YA QUE UNO DE ELLOS LO MORDIO EN SU CRANEO AQUEL DIA DEL AÑO 1987 ,de ahi sacamos que Jeremy no solo fue el secuestrador,tambien fue la victima del aquel mordisco.Pero en el año que trabajo Jeremy se realizo el primer secuestro y cuando el asesino murio,su espiritu quedo en aquel muñeco de la cajita de musica.En el primer juego,los niños que quedaron en los trajes "Aun sin construir" querian vengarse de Jeremy pero lo confundian con Mike ya que usaban el mismo uniforme.Ya sacamos porque los animatronics nos quieren matar,pero cuando se dieron cuenta que eramos Mike,mataron al hombre del telefono en aquella cuarta noche y para que no queden testigos de eso,aprovecharon de tratar de matar a Mike.

Los animatronics:Los muñecos son inocentes del todo,el unico que los corrompio fue Jeremy,por eso buscaban matarnos por quitar su sed de venganza

Los niños:Se me olvido decir que los espiritus de los niños estaban en los animatronics? Creo que se me olvido.Cuando el asesino mato a los niños,se le olvido una cosa inportante,si pone los cadaveres de los niños en los trajes,los fantasmas de los niños quedan ahi y de ahi los animatronics empiezan a vivir.....



Videos de donde saque algunas teorias: